A mí llegó la muerte
aullando su pena.
¿Quién eres, – pregunte-?
Y con voz apagada respondió:
-Hermana del sueño, pareja de la vida soy.
Amor no tengo
compasión mis huellas ofrecen,
olvido es mi apodo.
A mí llegó la muerte.
¿De dónde salió? – no lo sé.
Astuta y arma en mano
se dirigió a mí.
Sus ojos ardían,
llama era su aureola;
insepulta su cuerpo.
Atrevido pregunté:
¿qué haces aquí?
De paso vine, conmigo llevar tu sufrir.
Angustiado...